miércoles, 19 de julio de 2017

La Historia


Siempre que te escribo miento, 
como si fueras capaz de leerme,
como si el tiempo y la distancia
fueran velos de gasa, 
descansos de minutos 
en nuestra historia complicada.
Siempre que te necesito
vuelvo la mirada a tus calles,
vuelven mis sueños desafortunados
a torturarme, los dias y las semanas
que se convirtieron en meses y en años,
son cicatrices que no sanan.
Es contemplar una bella obra rota
y aun así, desear seguir observando.


Al fin



Tú y yo...
nosotros
y la vida,
que vuelve 
a ser vida,
cuando 
tu voz
reaparece 
al fin.

jueves, 19 de febrero de 2015

Eva

Toda la piel se componía de poros y delicados vellos, 
cuál toda piel es, de la manera que todo cuerpo humano esta cubierto.
Todo su cuerpo iba recorrido por palpitantes venas que entibiaban 
y llevaban vida desde el centro mismo de su corazón.
Tenía la boca roja, cuál fresa fresca, teñida del rojo de la pasión.
Sus ojos se sombreaban con las oscuras y profundas pestañas, 
seductores y misteriosos abanicos, cubriendo ésas, las ventanas de su alma.
Tenia las pálidas manos de luna llena vacías, esperando su llegada.
Estaba compuesta, pues, de piel y de sangre, era como toda mujer, 
sumergida en sueños, ilimitada en posibilidades.
Él caminó hasta su morada, la encontró vestida de cielo nocturno, 
con galaxias girando en sus labios, con delfines nadando entre 
sus cabellos alborotados.
Admiro sus brazos de tormenta, luego, sus fértiles campos 
con forma de caderas.
Besó su boca antes ajena, la volvió de nuevo Eva, 
se expulsó entonces ella misma de su propio paraíso.
Y entonces, se disolvió en azúcar porque él así lo quiso.







lunes, 12 de enero de 2015

Heridas

Soy hija de la poesía
por tanto, 
no soy yo
quién la crea.
Ella me forma
y amolda
a su figura, 
me pule con cincel 
el alma.
A veces me fragmenta 
en pedazos.
Creándome bellas
cicatrices, 
dejando éstas,
mis dulces heridas.


Memorias y Manos de Poeta

De sus manos, antes llenas de letras, 
ahora sólo se veían puños.
De sus historias agudas como agujas, 
ya sólo se sentía el filo,
dando vueltas por entre sus "arteriales", 
palpitantes ríos de vida.
Ni siquiera había más tormentas de llanto 
azotando la puerta trasera de su conciencia, 
ni siquiera una nota de blues 
para agonizar un poco más en la espera.
Era en ésa mesa de madera, 
dónde tantas veces escribió sobre su aroma,
sobre los mares que huyeron 
a crear tsunamis tras su sombra.
Era en ésa mesa, 
dónde descansó su cabeza, tan cansada de sueños,
ahí dónde los papeles se recreaban 
en la multiplicación de versos.
Huérfanos de todo, 
menos del tabaco y el café.
Ahí, dónde soltó la pluma, 
dónde abrazó a la duda, 
dónde voluntariamente apagó la luz, 
llama por llama, vela a vela.
Dónde sus rosas murieron ahogadas 
dentro de la botella de whisky,
dónde aún la memoria le recordaba ésos, 
sus muslos como alas de paloma, 
emprendiendo vuelos largos,
 enlazados a su espalda.
De sus manos llenas de letras, 
ya no quedaba nada, 
tan sólo afiladas palabras guardadas, 
oscureciendo la mirada.






domingo, 4 de enero de 2015

Felicidad

Ella, 
solía preguntar 
a cada persona que conocía 
o reencontraba en su vida, 
si eran felices,
 parecía que la felicidad le era difícil, 
una cuestión negada,
podía sonreír y reír fuerte a ratos, 
pero simplemente le costaba mucho:
entenderse feliz, vivir feliz, ser feliz.
La felicidad se decía, 
es ya un papel legal roto, 
un vaso de cristal hecho pedazos, 
una simple amnesia del corazón.


jueves, 11 de diciembre de 2014

De ti yo quiero...

No me preguntes de tu edad o de los años,
tienes, si acaso, los años que yo llevo viviendo
éste amor nuestro, entonces, tu edad podría ser
siglos, centurias enteras de vida en mi corazón,
millones de vueltas a la azul esfera.

No me digas de tiempos y destiempos,
porque has aparecido en el momento exacto, 
somos hijos ambos del puntual encuentro.

No temas que me falte algo que haya
huido de tu ser, si tu cuerpo mismo
ha estado en el fuego consumido,
más vivo que el mío.

De ti yo quiero las noches negras, las azules,
las mañanas en gris con nuestras piernas 
entre cruzadas.
Los días de sol cargados de otoño, 
las tímidas flores que persisten al invierno.

Los veranos que desnudan nuestro lecho 
y que abandonan en las tibias brisas,
la piel y la razón.

De ti yo quiero los pasos dados, 
las pausas en mi puerta 
y todos los caminos nuevos 
que nos quedan por andar.