jueves, 19 de febrero de 2015

Eva

Toda la piel se componía de poros y delicados vellos, 
cuál toda piel es, de la manera que todo cuerpo humano esta cubierto.
Todo su cuerpo iba recorrido por palpitantes venas que entibiaban 
y llevaban vida desde el centro mismo de su corazón.
Tenía la boca roja, cuál fresa fresca, teñida del rojo de la pasión.
Sus ojos se sombreaban con las oscuras y profundas pestañas, 
seductores y misteriosos abanicos, cubriendo ésas, las ventanas de su alma.
Tenia las pálidas manos de luna llena vacías, esperando su llegada.
Estaba compuesta, pues, de piel y de sangre, era como toda mujer, 
sumergida en sueños, ilimitada en posibilidades.
Él caminó hasta su morada, la encontró vestida de cielo nocturno, 
con galaxias girando en sus labios, con delfines nadando entre 
sus cabellos alborotados.
Admiro sus brazos de tormenta, luego, sus fértiles campos 
con forma de caderas.
Besó su boca antes ajena, la volvió de nuevo Eva, 
se expulsó entonces ella misma de su propio paraíso.
Y entonces, se disolvió en azúcar porque él así lo quiso.







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